Superabundancia de proyectos, escasez de recursos
En muy diversos ámbitos de la vida es habitual encontrarse con muchos proyectos potenciales a desarrollar y unos recursos limitados que no permiten abordarlos todos a la vez. En una encuesta vimos como los principales factores limitativos en el ámbito empresarial son los recursos financieros y de tiempo, aunque yo considero más limitativos los temporales.
Ante una situación de este tipo se puede optar por intentar abarcar todos (o una mayoría) de los proyectos directamente, subcontratar/delegar algunos o centrarse en los más importantes postponiendo los demás que no tengan caducidad.
Como ya me habían avisado, ha llegado el momento en el que me resulta imposible mantener tantos platillos girando sobre palos. Tengo la imagen de ser un chino que está tratando de mantener en el aire 20 platillos girando sobre palos y le añaden un par más y se vuelve incontrolable. En la situación actual hay algunos que voy a poder dar el pase a alguien para que los mantenga. Otros se van a caer y voy a pararlos y dejarlos suavemente para que no se rompan. Por último ¿cómo elijo los que tengo que poner en marcha y cuáles no?
Llevo ya un tiempo dándole vueltas y analizando pros y contras de cada proyecto sin llegar a ningún lado. Finalmente he pensado establecer un esquema de pensamiento que me ayude a tomar la decisión fuera de hacer una lista de puntos positivos y negativos de cada proyecto. Este esquema se basa en seguir tres principios básicos:
- Objetivo último: todo proyecto se enmarca dentro de una actividad mayor que lo engloba. Por tanto, para elegir un proyecto sobre otro conviene tomar en consideración cuál es el fin último de la actividad “superior”, y cómo colabora cada proyecto analizado a conseguir ese fin último. Como ejemplo, dos emprendedores de un proyecto similar pueden tener distintos proyectos. Uno podría ser conseguir una compañía con un crecimiento fuerte a corto plazo para vender pronto y el otro podría ser formarse en la actividad de emprender para posteriormente poder acometer un proyecto mayor con más garantías. Los proyectos a perseguir por estos dos empresarios en las mismas circunstancias probablemente serían distintos. Debemos dar prioridad a los proyectos que más contribuyen a nuestro objetivo.
- Resultado previsto: de cada proyecto esperamos un resultado determinado, normalmente positivo. Si no fuera así no nos interesaría ponerlo en marcha. En este punto es interesante tratar de valorar de manera objetiva este resultado, y en el mundo empresarial esto suele realizarse mediante una valoración económica del rendimiento esperado. Debemos dar prioridad a los proyectos con mayor resultado previsto.
- Esfuerzo necesario: un proyecto puede tener un resultado previsto excelente y colaborar a nuestro objetivo, pero puede requerir tantos recursos que haga inviable el desarrollo de otros proyectos que en su conjunto serían más beneficiosos. Por ello hay que ponderar los dos puntos anteriores, especialmente el segundo, por el esfuerzo necesario. Debemos dar prioridad a los proyectos que requieran menor esfuerzo relativo.
Podría parecer una obviedad, pero plantear los proyectos activos y potenciales bajo este prisma por escrito me ha ayudado mucho a tomar decisiones sobre prioridades.
Update: revisando Bloglines acabo de ver que Ángel María también está dándole vueltas a problemas de este tipo…










June 17th, 2008 at 15:36
De echo los principios básicos también se pueden aplicar la gestión de proyectos de una empresa
primero los proyectos (no lo listo por orden ni nada por el estilo) que son más ràpidos de hacer con menor esfuerzo, los que más rentables son y los que ayudan a contribuir a nuestra visión de la empresa…
saludos
June 17th, 2008 at 16:04
Jordi, estoy totalmente de acuerdo. Yo los utilizo para muy distintos ámbitos. Creo que de una manera inconsciente se usa incluso para decidir qué hacer el fin de semana.
Por supuesto, en el ámbito empresarial lo habitual es objetivarlo lo más posible para tratar de racionalizar las decisiones.