Internet, ¿en el avión, en el tren o en ninguno de ellos?
He leído hoy en CIO Insight que las líneas aéras norteamericanas están entrando de nuevo en una carrera por ver quién ofrece acceso a Internet en los vuelos antes a sus clientes. Me ha parecido una noticia sorprendente, especialmente después del fracaso que tuvo Boeing con su sistema Connexion.
Al parecer, según comenta un artículo de un periódico de Seattle, los nuevos operadores que se lanzan a esta aventura han aprendido de los errores de Boeing, y tratarán de evitarlos acudiendo a tecnologías nuevas y más económicas entre las que se encuentran conexiones aire tierra o la posibilidad de contratar con las compañías de satélites anchos de banda de manera mucho más gradual.
El artículo me ha recordado las comunicaciones que aparecieron sobre Renfe durante 2005 donde se comentaba que la compañía ofrecería acceso a Internet de alta velocidad en sus trenes. Esta noticia que fue muy bien acogida por todos los internautas se quedó en simplemente eso, una noticia de algo a suceder que nunca llegó. Esta iniciativa también se ha echado en falta en el blog ERROR 500 hace un año.
Desde mi punto de vista, las necesidades y las propuestas de valor para los vuelos y los trenes son bastante distintas, especialmente en Europa. En EEUU tiene sentido que se ofrezca acceso a internet en los vuelos transcontinentales, ya que su duración de varias horas hace que se pueda aprovechar al máximo la batería del portátil. Por el contrario, en Europa, la mayor parte de los vuelos no llega a las tres horas de duración. Si descontamos los tiempos de despegue y aterrizaje donde está prohibido tener equipos electrónicos encendidos (unos 40 minutos en total), nos quedamos con escasamente dos horas para aprovechar este servicio en un sitio estrecho donde apenas hay sitio para colocar el portátil.
Por el contrario, en los viajes en trenes de alta velocidad (o incluso otros como el Alaris a Valencia), el panorama es bastante distinto. Por un lado, los viajes suelen ser de mayor duración. Además, el tiempo de viaje es perfectamente utilizable desde que te sientas en la butaca del vagón (antes de la salida oficial) hasta que se para el tren en su destino. Adicionalmente, el espacio disponible es mucho más amplio, habiendo espacio para colocar el portátil e incluso sacar documentos de trabajo. Por otro lado, desde el punto de vista de las compañías de ferrocarriles, el servicio tiene mucho sentido como elemento diferenciador del avión. Una de las principales ventajas competitivas del tren frente al avión es que teniendo un tiempo total de viaje (contanto desplazamientos de puerta a puerta incluyendo esperas, acceso a la estación / aeropuerto, etc) ligeramente superior, permite un mucho mayor aprovechamiento del mismo para cualquier tarea, ya sea de descanso, ocio o trabajo por concentrarse este tiempo en mayor medida en estar en el viaje y no en “zonas de acceso” al medio de transporte. Claramente, el disponer de la posibilidad de acceder a Internet a alta velocidad mejora sustancialmente el valor del tiempo disponible para el trabajo.
No obstante, tenemos que volver al factor coste / rentabilidad. La pregunta esta en si en un tren con 350 plazas y una ocupación media del 75% (por poner un ejemplo) puede haber suficientes clientes como para rentabilizar un servicio que funciona, según la tecnología de 21 net probada hasta el momento, con un sistema de conexión por satélite para la conexión WAN y una distribución interna entre los pasageros del tren mediante wifi. Imagino que éstos serán los números que hasta el momento no salían. No obstante, con la proliferación de los portátiles con wifi y el incremento de la penetración de Internet entre la población, es muy posible que ahora puedan empezar a salir los números. Especialmente si la tecnología sigue un proceso de abaratamiento como es tradicional.
Por tanto, desde aquí llamo a quien tenga capacidad de comunicación con Renfe a proponer de nuevo que estudien este servicio.


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